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miércoles, 3 de julio de 2013

HISTORIA DE TORRELAVEGA


Su especial situación y clima facilitaron la vida del hombre primitivo. En las cercanías de Torrelavega se encuentran las cuevas de La Basta, La Clotilde (Quijas), y Cuchía, esta última con pinturas rupestres de la Edad de los Metales. 
        En tiempos posteriores llegó a estas tierras, con gran esfuerzo, la invasión romana, que no fue profunda como demuestran dos datos bien concretos. De un lado, la falta de hallazgos arqueológicos romanos en esta zona. De otro, sí que se guardan de aquellos tiempos restos, como el ara que se encontró en el monte Dobra erigido al dios indígena Erudino que indican la falta de repercusión en la vida cántabra por parte de la colonización romana.
 
        Pero es con la llegada de la Edad Media cuando comenzamos a conocer a Torrelavega como tal. A finales del siglo XIII se instala en la villa una conocida y pudiente familia: los Garci Lasso de la Vega. Se considera a Garci Lasso de la Vega I como el fundador de la villa. Este primer Garcilaso, apodado «el Viejo», ostentaba el cargo de Adelantado Mayor de Castilla en la época de Alfonso XI y fue él quién consolidó el Señorío de las Asturias de Santillana, poderío que heredaron sus dos hijos a su muerte, ocurrida en Soria a causa de un violento asesinato. Uno de sus hijos, Gonzalo Ruiz de la Vega, se destacó en la Batalla del Salado (1340), donde cuenta la leyenda que mató al moro que arrastraba la enseña cristiana del «Ave María», recuperándola y colocándola en su escudo. De esta forma pasó a ser el emblema familiar y, por extensión, también llegó a formar parte del escudo de la villa, del cual forma parte aún.
 
        A la muerte de Gonzalo el patrimonio complejo de Garcilaso I pasó (aumentado por los privilegios conseguidos por sus hijos) a Garcilaso II, que fue asesinado también, como anteriormente lo fuera su padre. Este homicidio ocurrió como consecuencia de una intriga fabulada por el privado de Pedro I el Cruel en contra del segundo de los Garcilaso. A éste le sucedió Garcilaso III, que era menor de edad y hubo de refugiarse en las Asturias de Oviedo para protegerse de los peligros que se cernían sobre sus propiedades y él mismo. Años más tarde moriría en la Batalla del Nájera, cuando la guerra civil entre Pedro y su hermano Enrique de Trastamara estaba tocando ya a su fin.
 
La subida al trono de Enrique II permitió la recuperación del Señorío de la Vega por parte de Leonor de la Vega, hija y heredera de Garcilaso III, quién lo amplió y potenció gracias a su tesón y a los provechosos matrimonios que contrajo. Su primer marido fue Juan Téllez, hijo del infante Don Tello y sobrino del rey Enrique II. A la muerte de don Juan, Doña Leonor casó con Diego Hurtado de Mendoza, del cual hubo dos hijos. El mayor de ellos falleció, por lo que su hermano, Iñigo López de Mendoza, se convirtió en único heredero. El año 1445 fue nombrado Marqués de Santillana. A causa de este acontecimiento Santillana se convirtió en el centro del Señorío, quedando Torrelavega como cabeza administrativa del Mayordomazgo de su mismo nombre.
 
        Entre los siglos XVI al XVIII el municipio dependió de los Duques del Infantado, sucesores de la familia de la Vega. El Pleito de los Valles, por el cual los nueve valles cántabros obtuvieron su independencia de los señoríos del Infantado no tuvo repercusión en la zona torrelaveguense.
 
        Durante este tiempo la forma de subsistencia de la aldea de la Vega consistía en explotaciones agrícolas tradicionales y ganado, con lo que únicamente podían sobrevivir. Pero en el año 1753 Torrelavega comienza su actividad industrial favorecida, e incluso motivada, gracias a la apertura del «camino de las lanas». A finales del siglo XVIII se comienza a trazar la carretera  Santander-Asturias, que formó en Torrelavega el actual cruce de Cuatro Caminos. La creación de este nudo de comunicaciones ocasionó la instauración de un mercado de ganado el año 1799, que aún perdura en nuestros días. En un principio se celebraba los lunes en algunas plazas de la población, cambiándose con el paso de los años a los jueves y originando con el tiempo la construcción de un recinto ferial apropiado para la celebración de tales eventos.
 
        A lo largo del siglo XIX se potenciaron aún más las comunicaciones con la implantación de vías férreas que comunicaron Torrelavega con Castilla y Asturias. Fue en ese siglo cuando se produce el ascenso económico en la población. Unida a la nueva infraestructura de comunicaciones llegó la independencia de los Duques del Infantado, apoyada por el penado constitucional que invadió el Estado en aquellos años. Con este suceso se comienzan a implantar las industrias en la comarca.
 
        En el año 1853 se descubren las minas de zinc de Reocín, llega Solvay a explotar la sal de Polanco, se instala la Azucarera Montañesa (1898) que por falta de rendimiento se verá transformada en la Lechera Montañesa, cuyo recinto está ocupando en la actualidad por la Feria de Muestras.
 
        Vemos así cuáles fueron los orígenes de la Ciudad de Torrelavega, su desarrollo y la forma en que ha llegado a convertirse en la población industrial que hoy representa. Aprovechando la cita que hemos anotado en el párrafo anterior, nos introduciremos en una de las manifestaciones más importantes de las que se llevan a cabo en la Ciudad.

martes, 7 de mayo de 2013

Un vaso de plata grabado con el nº 127 y la famosa lista de los Reyes Godos



Un vaso de plata grabado con el nº 127. Si, lo encontré ayer en una de las vitrinas y lo saqué para limpiarlo.
¡Cuántos recuerdos!
Ese vaso lo llevé yo al colegio de los Sagrados Corazones desde 1946, -tenía dos años-, hasta 1957, que me cambiaron mis padres al de Cóbreces interna.
De este último no puede ser, porque allí tenía el número 151.


Por cierto que estos vasos también formaban parte del reglamento taurino, aunque me parece que últimamente no los he visto en el ruedo, porque se ha puesto de moda beber directamente de la botella de plástico, tirarse el agua por la nuca, etc..., etc...
La historia es la siguiente:
En 1946 aún no se había comercializado el plástico, -que entró en España en 1960-, y por otra parte estos vasos duraban toda la vida. Formaban parte del equipo del colegio, igual que los cubiertos marcados con tu número, las sábanas, el colchón, las mantas, las mudas, los libros, y el uniforma, así como un babi para estar en clase, al que llamábamos "el delantal". 
Como ves, tampoco nos habían llegado los modismos de otras lenguas.
De chiquitinas usábamos pizarra individual, y pizarrines para escribir. Después el lápiz. Hacíamos páginas y páginas de caligrafía, pero al fin a mí, cuando se determinó mi letra fue a los 14 años, copiando como castigo la lista de los reyes godos una y otra vez.

La famosa lista de los Reyes Godos

A los estudiantes de hoy en día les puede parecer increíble que, no hace demasiados años, a los niños les hicieran aprender en la escuela la siguiente lista completa. Como si no hubiera otra cosa que estudiar en historia...
El reino tolosano
Ataúlfo (410-415).
Sigérico (415).
Walia (415-418).
Teodorico I (418-451).
Turismundo (451-453).
Teodorico II (453-466).
Alarico II (484-507).
El reino visigodo-católicoRecaredo (586-601).
Liuva II (601-603).
Witérico (603-610).
Gundemaro (610-612).
Sisebuto (612-621).
Recaredo II (621).
Suínthila (621-631).
Sisenando (631-636).
Khíntila (636-639).
Tulga (639-642).
Khindasvinto, rey único (642-649).
Khindasvinto y Recesvinto (649-653).
Recesvinto, rey único (653-672).
Wamba (672-680).
Ervigio (680-687).
Egica, rey único (687-698/700).
Egica y Witiza (698/700-702).
Witiza, rey único (702-710).
Rodrigo (710-711).
El reino arriano español
Gesaleico (507-510).
Amalarico, bajo la regencia de Teodorico (510-526).
Amalarico, rey independiente (526-534).
Theudis (534-548).
Theudiselo (548-549).
Agila (549-555).
Atanagildo (555-567).
Liuva I (56 7-568).
Liuva I y Leovigildo (568-571/72).
Leovigildo (571/72-586).

martes, 26 de marzo de 2013

El Patronato del club Roca


En el mantenimiento del Roca nos ayudaban las señoras.


Malen de Parra, la llamábamos Malen Parra. En aquella época todas se llamaban con el apellido del marido, lo digo para no confundirnos con sus respectivas hijas. Consuelo Caldés, Charo Montejo, Mary Carmen Gª Vinuesa..., y otras muchas de las que tengo la cara, pero hace de ésto hace 43 años y necesitaría, un fichero, unas fotos para escribirlo más completo.
“Estoy a capella”.

Nos ayudaban -decía- por ejemplo trayéndonos el dinero del alquiler.

Lo pedían a sus amigas y conocidas; de esta manera pasaban a ser cooperadoras en esta labor apostólica y en la Prelatura. Organizaban eventos, -como la exposición de pintura de Ana Garnica-, y todo lo que se les ocurría: Cursos de retiro en el club, haciendo ellas la comida...


El día aciago nos habían dado en un sobre 28.000 Pts. Lo guarde en la caja, -una caja pequeñita de esas de amade casa-, hasta el día siguiente, en que lo ingresaríamos en el Banco. (Latino, para más señas).

Por entonces, habíamos empapelado todos los armarios por dentro con papel de florecitas.
Preciosos.
Y en dirección, colgando por dentro de la puerta, habíamos colocado un cuadro con llaves, muchas, -cada cual con su nombre y su cartelita-, también la de la caja.
Nos lo robaron.
Todo estaba perfecto, al día siguiente, cuando fuimos a trabajar, pero faltaba el sobre.
No, no supimos quién fue.

jueves, 7 de marzo de 2013

Rosas de pitiminí




El gran amigo Paco Gogó, siempre que nos ve, viene a saludarnos a mamá y a mí. Un día nos dijo:
-¿Y cómo estáis?
-Como dos rosas. Dije yo.
-¿De pitiminí?

Es un simpático. Acaba de cerrar el club que tuvo desde no sé…, lo conocí en 1963. Cuando le encontré después de 36 años sin vernos, y le pregunté qué hacía:
-¡Dar de beber al sediento! Obras de Misericordia, ¡Cómo siempre!

Tú ya sabes que son 14.
Siete espirituales y siete corporales:

Enseñar al que no sabe.
Dar buen consejo a quien lo necesita.
Corregir al que hierra.
Dar de comer al hambriento.
Dar de beber al sediento.
Dar posada al peregrino.
Vestir al desnudo.

¡Qué bueno si todos los modistos fueran cristianos! Y todos nosotros también…, mejores.

martes, 5 de marzo de 2013

El Cristo de Tor Vergata




Tor Vergata se encuentra a las afueras de Roma, apartada de todo el caos que reina en la ciudad y situada en la “campagna”, en mitad del campo.
Desde hace algunos días ya se puede ver en el área del sudeste del campus de Tor Vergata, pero será todavía más bonito verla los días 19 y 20 de agosto, cuando la amplia zona estará repleta de miles de jóvenes.
El gran Cristo de – 6,10 metros de altura por 4,40 de ancho, peso total de 2000 kilos – diseñado por el escultor Stefano Pierotti de Pietrasanta y realizado por la Fundición Hermanos Da Prato de la misma ciudad.
La escultura representa un Cristo herido desde hace dos mil años por las violencias e infidelidades del corazón humano y que al mismo tiempo resucita, un Cristo traspasado por la maldad de los hombres y al mismo tiempo atravesado por un rayo de luz divina que penetra en la herida del costado.
-“La idea la rumiaba dentro desde hace algunos años, -explica el artista-, pero el empujón decisivo para realizar el primer modelo de la escultura y los sucesivos retoques lo tuve el último verano, pensando en el Jubileo del dos mil”. 
La escultura, en su versión original, estuvo expuesta en la catedral de Pietrasanta. Algunos organizadores de la Jornada mundial de la Juventud apreciaron su fuerza expresiva, y la eligieron como símbolo para la gran Cruz en el Campus Universitario de Tor Vergata, reproducida en grandes dimensiones y terminada poco antes (el 4 de agosto) del acontecimiento romano. Se puede admirar desde la gran estructura de tubos de acero que representa una puerta de ingreso en el área. La puerta del perdón.


¡Ver este espectáculo es de morirse!

Con 200 niñas entre los 14 y los 20 años a Roma en el Julileo del año 2000


Mariafer, Rosa, Laura, Irene, Pati, y Carmen en la primera parada que hicimos
 ¡Impresionante!

Sí, -para mí que hacía ya unos años que estaba jubilada-, aquel despliegue de juventud, en pleno verano, fue muy muy impresionante, y así todo el viaje: De sorpresa en sorpresa.
Fue un verano muy caluroso, tanto que al llegar a Roma, el santo Padre había encargado a los bomberos que nos fueran regando con sus mangueras.
Para que os hagáis idea, nos mojábamos de pies a cabeza, y haciendo cola para entrar en San Pedro estábamos secas hasta las playeras. 
El viaje duró desde el 14 al 20 de agosto. Fuimos y volvimos en autobuses, y dormimos al raso en Roma, pero no quiero adelantar acontecimientos... 
Al llegar a Italia, - serían las tres de la tarde, comimos y nos repartieron las habitaciones. Dormimos en Venecia dos noches, en un colegio de Los Salesianos.
Nos dieron tiempo de descanso y arreglo personal.
Toda la tarde iba a estar confesando el sacerdote, y a las 8 Misa.
Salí emocionada de lo primero que rezamos juntas: La Visita al Santísimo. ¡Con doscientas niñas! Se lo dije a la "capo di grupo", -que era Teresa-.
-¡Ver este espectáculo es de morirse!
Me contestó:
-¡Reza, porque muchas tienen la vocación planteada!
Subí a la habitación, -me tocó con Paula, una profesora de literatura estupenda, que viajaba con su sobrina-,  me di un duchazo y me dormí, -tenía entonces 55 años-.
Hay cosas hay que verlas, no basta con que te las cuenten, -como Santo Tomás-, "ver, para creer". Ver aquello, y aún recordarlo ahora, me llena de agradecimiento a Dios, de alegría. Bien decía Ovidio, -que vete tú a saber si era él quien lo decía-, que "recordar es volver a vivir".

lunes, 4 de marzo de 2013

20 de agosto del año 2000. Año de Jubileo. Roma con el Papa

 
En Tor Vergata, frente a la puerta del perdón. Allí, dormimos en sacos... ¡Genial!

Nos despertaron dos chicos franceses piropeando a la salida del sol:

-¡Se jolie!...

Isabel dijo:

-Muy "jolie"..., ¡A ver si el Papa nos va a pescar lavándonos los dientes, como en París!...

Corrimos.

Efectivamente, ya empezaba a sobre volarnos con el helicóptero.

Serían las 8. 00 de la mañana.

¡Corrimos...!... A él le hacía verdadera ilusión vernos, ¡y no era para menos la que teníamos nosotros!

Más de 2.000.000 de jóvenes... ¡Menos yo, que ya era... Pero bajita y tal..., ¡colé! 

Dos millones, que llenaban todo. El metro, las calles, los parques, colas y colas... Sin agua en los jardines...

57º, sí que los pasamos al sol. Tanto es así que nuestra "capo di grupo", con toda naturalidad, -en medio de una Santa Misa, súper recogidos todos y leyendo en el misal-, se hechó por la cabeza una botella de dos litros de agua de las que el Papa había mandado traernos por camiones.
Y siguió rezando...
¿Calor?
¡Qué más daba!